Definitivamente, Ricard Camarena y todo el equipo del Arrop (por ahí anda la mano de Josevi Jorge, ex Fudd) están pasando por su mejor momento. Mi última visita, hace apenas dos semanas, vino a confirmar el excelente estado de forma en que se encuentra porque, hijomiodemivida, no se puede comer mejor. Paso de enumerar la orgiástica lista de platos que componen el menú degustación, que se nos presentaba totalmente renovado, pero destaco (una vez más) un arroz, con pulpo, nabo y trufa de Morella, y un postre memorable, una delicada ensalada de cítricos, sencillísima en su concepción pero elaborada tan primorosamente, con tanto mimo y delicadeza, que daban ganas de cantarle una saeta.
Por cierto, la semana pasada se celebró una nueva y exitosa edición de Valencia Cuina Oberta, una buena idea que va camino de convertirse en un carro al que todos se suben, los buenos y los no tan buenos. Popularizar la buena gastronomía está muy bien, pero aristocratizar un simple bar (no hace falta aclarar que hay bares donde se come estupendamente) y elevarlo a la categoría de "haute cuisine" supone echar por tierra los esfuerzos de aquellos que echan horas de estudio y trabajo en la búsqueda de nuevas experiencias culinarias.
No sé qué pega ponerle a la última película de Darren Aronofsky, que opta a cinco premios Oscar en la gala de este próximo fin de semana. Por más que llevo dándole vueltas desde que la vi, no hay nada que no me apasione de esta desatada búsqueda de una bailarina por la perfección artística aun a riesgo de perder la chaveta (y algo más) por el camino. Si acaso me sobra la insistencia del director del ballet, Thomas Leroy (Vincent Cassel), en sacar el lado oscuro, a lo Star Wars, que hay en Nina Sayers (lo dice demasiadas veces). Por lo demás, este descenso a los infiernos mentales de una artista no hace sino confirmar la querencia de Aronofsky por los personajes extremos: El luchador es un versión menos "high class" que este Cisne negro que recuerda a clásicos como Repulsióno Carrie, aunque el personaje de la madre me recordara más, salvando las distancias, a la de La pianista de Michael Haneke que a la de la peli de Brian De Palma. Punto y aparte es Natalie Portman, que borda un papel complejísimo y con el que parece explorar caminos menos "virginales" y más "turbadores" que los hasta hasta ahora recorridos en su trayectoria.
Los hermanos Coen han probado en numerosas ocasiones las mieles del éxito crítico, pero pocas veces habían conseguido un taquillazo como con Valor de ley. Lo curioso es que lo han hecho con un western de los de toda la vida y, además, adaptando a la gran pantalla una historia que ya se había hecho antes y que le proporcionó su único Oscar a John Wayne. No soy ferviente seguidor de este género -a mi padre le encantaban las del oeste- aunque una de mis pelis favoritas sea Sin perdón de Clint Eastwood. Las diez candidaturas a los premios de la Academia me animaron a ir al cine para ver cómo se desenvolvían los hermanos en este género (¿No es país para viejos pertenecía a él?). La protagonista es una niña muy echada p'alante (Hailee Steinfield) que decide contratar a un alguacil alcohólico y de gatillo fácil (Jeff Bridges) para que capture al asesino de su padre. Historias de hombre rudo acompañado por niña de personalidad precoz ha habido muchas, pero pocas cuentan con el aplomo y naturalidad con que estos dos actores encarnan a sus personajes. Más allá de la grandiosidad épica de los clásicos del western, los Coen aportan eso que algunos imaginamos debía ser el salvaje oeste americano: polvo (polvo en los dedos, en las manos, en la cara), mierdas de animales adornando los caminos, aves carroñeras devorando cadávares, enfermedades, unas judías convertidas en pasta viscosa como único alimento... Pero también una noche estrellada, inmensa como el propio universo, en la que un viejo vaquero galopa a lomos de un hermoso caballo negro intentando que la salvaje naturaleza no se cobre una nueva víctima.
No discutiré sobre la pureza teatral de los musicales que, desde hace poco más de una década, se han puesto tan de moda en España. Que si son franquicias, que si son espectáculos para las masas, que si hacen poco por los autores del país... son argumentos que suelen esgrimirse a la hora de criticarlos. El caso es que a mí me gustan. Pero solo los que se hacen en Madrid y Barcelona. A principios de año estuve en el teatro Nuevo Apolo de Madrid para ver Los miserables, el último gran musical que quedaba por estrenar por estos lares, tras Cabaret, El fantasma de la ópera, Spamalot, Hair, Cats, Chicago y Mamma mia!. Espectáculos de gran formato, muy caros, que -en mi opinión- quedan devaluados cuando salen de la capital. Los miserables no tiene nada que envidiarle a los montajes de Broadway o el West End en lo que a producción, ritmo (endiablado) y calidad se refiere. Ni siquiera en emoción. Las interpretaciones de sus actores y músicos son vibrantes y brillan al más alto nivel. Merecen una mención especial Gerónimo Raunch (¡qué voz!) en el papel de Jean Valjean e Ignasi Vidal como Javert, que ofrece uno de los números más brillantes en la segunda mitad de la obra.
Hace un par de días vi en el Palacio de Congresos de Valencia Mamma mia!, basada en las canciones de ABBA. Buena parte del enorme éxito de este musical en España radicaba en Nina, que imprimía su personal sello al papel de Sophie. Pues bien. Lo que llevan a "provincias" es un espantoso y vergonzoso pastiche que no dudaría en calificar de "aceptable" si se tratase del espectáculo de una compañía amateur. 69 euros por esta... cosa es, simplemente, una ESTAFA.
Ahora, con el AVE, no hay excusas. Gástate la pasta en el tren y disfruta de un buen espectáculo casi por el mismo precio.
El 27 de febrero se entregan en Los Ángeles los premios Oscar y ya conocemos a los candidatos. La ausencia de sorpresas y la elección de los presentadores (Anne Hathaway y James Franco) no auguran una gala inolvidable. A pesar de ello, no pienso perdérmela. De pequeño recuerdo haber pasado más de una noche en vela para poder ver en directo la ceremonia, antes de que pasara a emitirse por un canal de pago. Adoro estas entregas de premios: las caras de los nominados en pantalla segundos antes de verse perdedores, los vestidos de las actrices, los chistes del presentador de turno, los números musicales...
Pero, al lío. El discurso del rey y La red social parten como favoritas, aunque no hay que perder de vista la última de los Coen (olvidada en los Globos de Oro a pesar de su espectacular taquilla en los USA), un western titulado Valor de ley. Fueron los Coen los que regalaron a Javier Bardem un papelazo en No es país para viejos, que le reportó una estatuilla hace dos años, y vuelve a estar en la terna de candidatos, esta vez en la categoría de Mejor Actor Principal por Biutiful.
¿Qué elegirán los académicos? ¿Optarán por la corrección "british" de El discurso del rey o por el perfecto engranaje de la peli de David Fincher?
Todos los candidatos en http://oscar.go.com/
Si del resultado final de una película pudiera inferirse el estado mental del realizador en el momento de hacerla, podríamos concluir que Álex de la Iglesia estaba fatal cuando se le ocurrió hacer Balada triste de trompeta. Porque de una mente "limpia" no puede salir esta obra tan desasosegante, tan al limite. Historia de dos payasos que pelean por el amor de una mujer en las postrimerías del franquismo, Balada... desafía cualquier convención ética y moral y coloca al espectador en una duda continua: ¿hay en algo en esa panda de perturbados con lo que yo pueda sentirme identificado? ¿Por qué me fascina tanto algo tan profundamente desagradable? Puede que la gozosa sensación de libertad que destila desde el minuto uno hasta que acaba, ese voy-a-hacer-lo-me-dé-la-gana que muchos envidiamos en el proceso de la creación artística porque nos vemos incapaces de saltarnos las normas y al que, incluso, podemos perdonar los vaivenes caprichosos de un guión deslavazado al que afluyen torrencialmente poderosas y sugerentes imágenes, sea lo que resulta tan irresistible de un film del que Raphael, tras un pase privado, comentó : "¡qué barbaridad!".
El rechazo del Congreso de los Diputados a la conocida como "Ley Sinde" ha provocado un agrio debate entre defensores de la propiedad intelectual y aquellos que consideran que Internet debe ser un territorio ajeno al Derecho. Los primeros creen que la actual legislación perjudica a la industria cultural, al permitir que contenidos protegidos circulen con total libertad por la red. Los segundos piensan que los internautas tienen todos los derechos pero ninguna obligación (¿alguien estaría de acuerdo en permitir que los pedófilos camparan a sus anchas entre webs, foros de debate y programas de intercambio de archivos?).
Nuestra relación con la cultura es, cuanto menos, esquizofrénica. Por una parte, todos vemos películas o escuchamos música o leemos libros como si éstos hubieran caído del cielo. Es decir, nunca pensamos en la persona que crea, que trabaja, que se esfuerza, que dedica muchas horas de un día en plasmar, de la manera que sea, su talento. Lo que pasa es que eso debe pagarse. Igual que se paga el pan al panadero, el coche al concesionario o el piso al banco. Por otra parte, creo que el hecho de que nos siente tan mal pagar por un disco, una película o un libro, tiene que ver con nuestra manera (histórica) de ver la vida. España es el país que inventó la picaresca: el pillo nos suele caer simpático. Pillos hay en todas las esferas de la vida española: en la política, en los medios de comunicación, en la farándula (¿os acordáis de Lola Flores, cuando pidió que cada español le diese una peseta para poder pagar a Hacienda?). De pillos están los mercadillos llenos. Nos encantan los mercadillos. Y nos importa poco la procedencia de aquello que nos venden. Si vas a Nueva York, por ejemplo, y te das una vuelta por Chinatown, compruebas que el 80% de sus visitantes son españoles. ¿Cómo explicar que ocupemos el tercer puesto en el ránking de países del mundo con más descargas ilegales? No deberíamos estar orgullosos de ello. Reino Unido y Francia llevan tiempo luchando contra la piratería y sus leyes son mucho más duras para los usuarios que las que pretendía implantar el gobierno, entre otras cosas porque cargan la responsabilidad sobre el usuario. Otra cuestión es que hayan logrado reducir la piratería.
Lo curioso es que este tema, lejos de provocarme respuestas absolutas, despierta en mí muchos otros interrogantes. Por ejemplo, ¿por qué en un país como Suecia, que suponemos avanzadilla del estado de bienestar, cuna de civismo y tolerancia, un país culto e impulsor de la igualdad entre hombres y mujeres, el tercer partido más votado es el Piratpartier? ¿Por qué un gran cineasta como Jean-Luc Godard se muestra contrario a la ley anti-descargas de Sarkozy? ¿Es menos "artista" Álex de la Iglesia por defender lo contrario?
Menos dudas tengo en lo que respecta a la poca adaptación de la industria a los nuevos tiempos. Esto se veía venir: Internet ha supuesto una revolución histórica y, mientras que unos se subieron al carro, otros decidieron enfrentarse a ella. Y, claro, han perdido. Por no hablar de la antipática gestión de algunas entidades como la SGAE o por lo extraño que resulta que alguien siga cobrando por cosas que han hecho otros hace muchos años.
Algo hay que hacer, no sé qué exactamente. Pero no podemos despreciar el trabajo de gente que nos hace soñar, reír o llorar con sus películas, con su música o con sus libros.
Aunque a mí no me gusten.
Ha muerto Blake Edwards, uno de los mejores directores de cine de la historia y un genio de la comedia (y, a veces, también, del drama, como demostró en "Días de vino y rosas"). Reconozco que me tira más el Edwards de "El guateque" y "La pantera rosa" que el de "Desayuno con diamantes", aunque entiendo el mito. El dúo que formó junto a Peter Sellers me resulta irresistible, imposible no soltar una sonora carcajada en cualquiera de los títulos en los que colaboraron juntos. Al dúo deberíamos añadir un tercero: Henry Mancini, el inolvidable compositor de "Moon River".
Se han dado a conocer las candidaturas a los próximos Globos de Oro y me ha alegrado comprobar que la estupenda Emma Stone opta al premio a la Mejor Actriz de Comedia o Musical por su papel en "Rumores y mentiras", una divertida película que llena con gracia y encanto a raudales. Atención a "La red social" y a "Black Swan", que podría reportarle a Natalie Portman el primer Oscar de su carrera, dos de los títulos más repetidos de la lista. En el apartado de Televisión, sección Drama, se cuela la primera incursión televisiva de Martin Scorsese, "Boardwalk Empire", y vuelven a sonar con fuerza las historias vestidas de canciones de "Glee". Javier Bardem se queda fuera de la terna de candidatos a Mejor Actor, aunque "Biutiful" consigue ser nominada en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa. Me quedo con la italiana "Yo soy el amor" y la inconmensurable creación de Tilda Swilton en este filme.
La lista completa de candidatos, aquí.
La consistencia del proyecto emprendido por Vicente Patiño en la zona del Puerto de Valencia queda fuera ya de toda duda en este 2010. "Óleo" se consolida como uno de los mejores restaurantes de la ciudad y apuesta por la cocina de raíces valencianas pero rabiosamente puesta al día. ¿Qué hay más valenciano que un empanadilla de tomate? ¿Qué más moderno que esa misma empanadilla "deconstruida"? Un clásico, una gozada que se come de dentro a afuera (¿se entiende?). Deliciosa la caballa agri-picante en media salazón con praliné de piñones, rotunda la yema de huevo en jugo de costillas y patata, delicada la corvina (melosa y fresca) con huevas de pescado y exquisito el pollo de corral, harto de comer maíz, el pobre. El postre me recordó a la merienda de las abuelas: ese café con leche y magdalenas que impregnaba toda la casa con su aroma, se transforma en el "Óleo" en un financier roto, con leche ahumada, avellana, miel y limón.
Nos presentaron sus propuestas para Navidad y Nochevieja. Muy recomendables (y muy bien de precio).
El sumiller nos dio a probar un vino gallego (que no nos hizo mucha gracia) y nos lo cambió sin ningún problema, así como algún plato que ya habíamos probado anteriormente.
El "conceto" es el "conceto", decía Manquiña en "Airbag". Y el "conceto" es lo que no me queda claro de la propuesta de Rafa Soler en su nueva aventura al frente de Joël Restaurant Bistronòmic. Porque sí, el local recuerda a un bistrot pero la carta nos remite a los grandes menús de la constelación michelinesca. El problema está en que, tarde o temprano, ambos "concetos" terminan chocando. Mis vecinos de mesa, agobiados por los vaivenes de sus acciones en la bolsa, decidieron marear un poco la carta y, ya de paso, al personal de sala. Consecuencia: entre plato y plato pasaban 15 minutos. Y cuando el menú que eliges se compone de siete, la espera puede hacerse interminable. Son los riesgos de quedarse solo en la cocina y de contar con una plantilla preparada para atender una barra de bar pero no las exigencias de paladares un punto más exigentes. Y el problema está en el "conceto". Más de allá de esta anécdota, porque no sería justo descalificar todo el trabajo de este muchacho por culpa de una cuadrilla de jubilados ociosos, Soler es un gran cocinero, que cuida muy bien la materia prima con la que trabaja, con precios más que ajustados y que, a veces, entusiama. Gracias, por ejemplo, a su higado de rape, manzana, soja y rúcola, se hizo con el premio a la mejor barra de pinchos y tapas del Congreso lomejordelagastronomía.com. El cremoso de bacalao, patatas y coliflor es otro de los hallazgos del Joël, al que deseamos mucha suerte, y claridad de "concetos", en estos tiempos de crisis.
Restaurante: Joël Restaurant Bistronòmic
Ciudad: Dénia
Precio: 40€ (con vino, agua y café) aprox.
Nota: 6,25/10
¿Cómo hablar de ópera cuando no entiendes de ópera? Solo se me ocurre hablar de ello desde el punto de vista de alguien al que le gusta mucho asistir a este tipo de espectáculos. En Valencia se ha programado estos días "Aida", una producción de la Royal Opera House-Covent Garden, el Palau de les Arts Reina Sofía y Den Norske Opera & Ballet de Oslo. Con la dirección musical de Lorin Maazel y la artística a cargo de David McVicar, "Aida" propone un viaje al Egipto de los faraones y un imposible romance que, como suele pasar en todas las óperas, acabará como el rosario de la aurora.
La puesta en escena huye de tópicos y opta por elementos que recuerdan a algunos trabajos de Tàpies o Saura, por ejemplo. En cuanto a las voces, todas ellas de gran altura, cabe destacar a la soprano Indra Thomas, maravillosa en el papel que da título a la obra, y a su rival, Daniella Barcellona, brillantísima en su último solo, en el que se lamenta por no poder salvar a su amado. Lástima que el final resultara tan lánguido y desvaído. El bravo Radamès (Jorge de León) y la desdichada Aida se sumergen en la oscuridad mientras el espectador se pregunta si se han ido a dormir.
Mis conocimientos sobre Corea son más bien escasos. Sé que hay dos, una al Norte y otra al Sur. El Norte sufre una de las peores dictaduras del mundo (comunista y hereditaria). El Sur organizó un mundial de fútbol y pasa por ser uno de los países más pujantes de Asia. Mis conocimientos sobre su gastronomía son aún más pobres: dicen que allí se comen a los perros (extremo que no puedo confirmar porque nunca he estado). En Valencia, escondido en una esquina en la calle San Martín, muy cerca de la calle de la Paz, encontramos "Arirang", un modesto restaurante (no esperen lujos) que promete "auténtica" cocina coreana. La carta se reduce a un menú degustación que consta de un entrante, un plato de carne (a elegir entre cuatro opciones), un arroz (a elegir entre tres) y un postre. Aconsejados por el camarero optamos por la versión más light del menú, tras ser interrogados por nuestra tolerancia al picante. El entrante consiste en unas verduras en tempura, ligeras y nada aceitosas, un plato generoso en lo que a cantidad se refiere. La carne se prepara ante el cliente. El cocinero (muy parecido al Doctor Slump) te trae a la mesa una plancha y un plato de carne cruda (ternera), especiada y cortada en láminas finas, y acompañada de cebolla y ajos tiernos). Enciende la plancha, vierte unas gotas de aceite y, a continuación, la carne, que no tarda ni dos minutos en estar lista. Ésta se la sirve el propio comensal en una hoja de lechuga, a modo de rollito. El resultado: un plato jugoso y un pelín "guarrete" (no puedes evitar pringarte). El arroz llega después: servido en un pesado bol de piedra, consta de varias verduras y un huevo que, mezclado con el arroz, le da una consistencia pastosa. Un plato sabroso y con un punto picante. Los postres son caseros: un bizcocho de almendra con naranja cubierto de chocolate (parecido a una coca) y un dulce típico coreano de textura gomosa y relleno de soja caramelizada. La carta de vinos es limitada, pero sus precios son irresistibles, como el resto del menú. El joven que nos atendió, hijo del cocinero, habla con soltura el valenciano.
Restaurante: Arirang Ciudad: Valencia Fecha de la visita: 13/11/2010 Precio: 24 € (con vino, agua y café) aprox. Nota: 5,5/10
Elegido el sexto mejor restaurante del mundo en la lista que anualmente elabora una conocida marca de agua, la Osteria Francescana se esconde entre las impolutas callejuelas de la tranquila ciudad de Módena. Su discreta puerta de entrada esconde unas modernas aunque acogedoras instalaciones. Un amable portero vestido, como el resto del personal, con traje y corbata, es el primero en recibirte. No tarda en aparecer el chef, Massimo Bottura, una curiosa mezcla entre el chiflado profesor que interpretaba Christopher Lloyd en "Regreso al futuro" y Franco Battiato, quien nos acompaña hasta la mesa asignada. Nos decidimos por el menú más largo (ya puestos) y nos pregunta por nuestras "intolerancias" alimentarias. Intentando salvar las dificultades idiomáticas, conseguimos traducir la negativa de mi compañero a comer marisco (porque no le gusta ver bichos) con una acertada expresión del chef: "terror visual a los frutos del mar". Y comienza el festival: once platos de rabiosa modernidad pero íntimamente ligados a la tradición gastronómica de la Emilia-Romagna. Como enumerar tantas creaciones puede resultar pesado (y, qué caramba, adoro la poesía que le echan a los nombres de los platos y mi memoria es más bien cortita, con lo que supondría un enorme esfuerzo intelectual recordarlos), sólo destacaré el segundo postre (ver foto) : una deliciosa, tierna y dulcísima patata cocinada con mantequilla y trufa blanca, acompañada de vainilla montada). A lo Ratatouille, mi mente viaja al pasado y recuerdo la reconfortante y gozosa sensación que tiene uno de pequeño cuando se come un pastel, parecida a la de estar metiéndote un pedazo de paraíso en la boca. La anécdota llegó con un plato que, en síntesis, era un steak-tartare. Lo presentaron dento de un mollete de pan ahuecado y salpicado por unas gotas de salsa de frutos rojos. Visualmente, nos recordó un cráneo abierto por la mitad. Atando cabos, vimos que se celebraba la noche de Halloween (sic, allí también) y que el chef había querido gastarnos una broma a costa del "terror visual" de mi compañero de mesa.
Restaurante: Osteria Francescana Ciudad: Módena (Italia) Fecha de la visita: 30/10/2010 Chef: Massimo Botura Precio: 240 € (con vino) aprox. Nota: 9,5/10
¡Cuántas ganas le tenían a Amenábar! Y éste les ha puesto en bandeja la peli perfecta. "Ágora", su proyecto más caro y ambicioso, se le ha ido de las manos y nos ha dejado un regusto amargo en la boca. Àlex Gorina, en su programa de Catalunya Ràdio "La finestra indiscreta" (http://www.catradio.cat/pcatradio/crItem.jsp?seccio=programa&idint=543), dio en el clavo: demasiado pretenciosa para una película comercial y demasiado superficial para ser una película intelectual. Y eso que lo tenía todo: una protagonista fascinante (¿alguien conocía la existencia de Hipatia?), un periodo histórico convulso (la decadencia del Imperio Romano), un presupuesto holgado y Rachel Weisz, ganadora del Oscar por "El jardinero fiel" (www.theconstantgardener.com). A lo largo de sus dos horas y pico de metraje da la impresión de que Amenábar no sabe a qué carta jugar: ¿el triángulo amoroso?, ¿el experimento filosófico?, ¿el peplum? Por no hablar del reparto masculino: ¡nefasto! La química de Oscar Isaac y Max Minghella con la actriz británica es nula y su final, en vez de sobrecoger, te deja frío. Por no hablar del abuso del Google Earth, venga cámara p'arriba, venga cámara p'abajo. Me ha llamado la atención el subrayado de algunos "neocons" -en su mayoría, incultos en materia cinematográfica- en la crítica al cristianismo. "Profundamente anticristiana", han dicho algunos. En "Ágora" se critica no al cristianismo sino al fundamentalismo que anida en cualquier religión. ¿O acaso no ha existido nunca el Tribunal de la Santa Inquisición? Mi puntuación: un 5. La web: www.agoralapelicula.com
El Centro de Investigación Cardiovascular (CSIC-ICCC) de Barcelona, gracias a la financiación del Departamento de Innovación, Universidades y Empresa (DIUE) de la Generalitat de Catalunya, a través de las ayudas ACDC, organiza CardioCÒMIC. El objetivo principal de esta acción es acercar la investigación cardiovascular a la población general. Con esta iniciativa, el CSIC-ICCC quiere facilitar el contacto entre la población general y la ciencia. En las bases de participación aparece como requisito imprescindible la presencia de elementos y conceptos relacionados con el sistema circulatorio y las enfermedades cardiovasculares, se pretende transmitir la importancia de estas patologías poniendo de manifiesto su constante presencia en la vida cotidiana reflejada a través de las viñetas. Las obras seleccionadas se publicarán en un volumen conjunto y habrá tres premiados. Ya se pueden consultar las bases de participación en http://www.iccc.cat/99_recursos/1254904326191.pdf. El periodo de inscripción al concurso finaliza el 30 de noviembre de 2009.
A todos aquellos que, como yo, creen que es la ciudad más hermosa y romántica del mundo, aquellos enamorados de sus enormes avenidas, de sus espectaculares vistas, de sus archifotografiados monumentos, de sus "macarons" (en una ocasión se me ocurrió zamparme media docena y acabé vomitándolos; ahora no puedo ni verlos), en fin, a todos aquellos enamorados de París les recomiendo que no vayan a ver "París", la última película de Cédric Klapisch. Puede que le haya podido el chovinismo y creyera que sólo con filmar postales de la capital francesa ya tenía media película hecha. Y no. 7 La sombra alargada de "Vidas cruzadas" (Robert Altman, 1993) pesa enormemente y ni el guión funciona ni sus historias (algunas ni las concluye) terminan cuajando. Ni Juliette Binoche ni Roman Duris, perdidos like pulpo en un garaje, consiguen levantar un proyecto que podía haber dado mucho más de sí. Mi puntuación: un 4,5.
Su final abierto era una clarísima invitación a la secuela. Los múltiples interrogantes que abría han sido abordados en "[REC]2", una más que digna segunda parte que, aunque no provoca la misma tensión que la anterior, consigue que estemos pendientes durante todo el metraje del misterio que rodea al edificio barcelonés plagado de zombies. Y, si en la anterior, todo era preguntarse "¿y ahora qué pasará?", en esta sólo nos preguntamos:" a ver por dónde salen". Y salen. Vaya si salen. Jaume Balagueró y Paco Plaza pueden presumir de haber creado una gran historia de terror que da lo que promete. Ni más ni menos. Lo mejor: su inteligencia y golpes de humor. Lo peor: que suena a ya visto. Visita la web www.rec2lapelicula.com Yo le doy un 6,5.
Consiguió poner a Gandia en el mapa gastronómico español (y mundial) al conseguir una codiciada estrella en la famosa guía Michelin para su restaurante de la calle Sant Joan de Ribera, "Arrop". El salto a la capital estaba cantado. Ubicado en el Hotel Palacio Marqués de Caro, acaba de abrir sus puertas "aRC" (acrónimo de Arrop Ricard Camarena), la propuesta capitalina del cocinero gandiense. El local, decorado exquisitamente en tonos negros y grises, respeta los enormes muros del antiguo palacio sobre el que se ha construido el hotel y le presenta al amante de la buena mesa dos propuestas diferenciadas: un menú diario y el menú degustación (65 euros). Éste último ofrece cinco entrantes (arroz de caracoles sin caracoles ¡espectacular!), un plato de pescado (ventresca de atún ¡deliciosa!), otro de carne (presa ibérica) y dos postres (helado de cereza y fruta de la pasión con chirivía, que ya habíamos probado en el low-cost "Fudd Menu"). La cocina de Camarena es conocida y reconocible: cocina tradicional puesta al día y gran esmero en la calidad de la materia prima. El servicio, esmerado y diligente. Lástima que mis posibilidades económicas no me permitieran disfrutar de un vino ad hoc, pero tampoco es plan de dejarse el sueldo. De nuevo, Camarena juega en las grandes ligas de la gastronomía nacional y seguro que "aRC" se convertirá en el destino favorito de muchos aficionados a la cocina. Una curiosidad: a mi lado, un crítico gastronómico a un sombrero pegado. Estoy seguro de que yo disfuté más que él. Y pagando.
Antes que nada, pido perdón por haber dejado estos meses el blog un poco de lado. Espero poder actualizarlo más a menudo a partir de ahora. Dicho lo cual, me gustaría recomendaros una peli muy interesante titulada "District 9". Avalada por Peter Jackson en la producción, la película cuenta cómo una nave extraterrestre queda atrapada en la Tierra y sus tripulantes se ven obligados a permanecer encerrados en un enorme gueto a las afueras de la capital sudafricana. Algunas críticas han destacado la gran fuerza de la primera media hora del metraje, que utiliza hábilmente el tono de (falso) documental, tono que abandona después para convertirse en una especie de videojuego, lleno de persecuciones, tiros y sangre que, aunque no llega a aburrir, sí termina por parecerte ya visto. Dice mucho de una película que continúes pensando en ella una vez dejas la sala. Y "District 9" consigue que te preguntes muchas cosas: ¿cómo ha sido la convivencia humanos-bichos en los 20 años de gueto? ¿Por qúé parecen tan tontos los bichos, a pesar de haber construido una espectacular nave? ¿Son o no pacíficos? ¿Puede ser racista la persona que ha sufrido el racismo? En fin... Muy recomendable. Mi puntuación: un 6,5. Visita la web de la peli: http://www.d-9.com/